Calle de México | Víctor Argüelles

La turbiedad del agua

me empaña la imagen de tu futuro.

 

Doy pasos y el polvo me regresa

partituras plomizas de tu edad en sombra.

 

Polvo y agua, enfrentados uno a otro

son exacta huella

que a tu destino le falta.

 

Dónde encontrar asideros

para que ya no seas rojo a tientas

herida manta de letras negras. 

 

Si en esta marcha llevara espejos, atajaría los ojos del sol

para desviarlo a la mirada de los que van sin luz

                                 vacíos y tuertos del mundo;

así tu reflejo sería orla de fe para el desamparado,

moneda de sol para el afligido,

mirada lúcida para el triste de mirada,

reflejo posible en el callejón incertidumbre,

haz inconfundible en la retina del cielo.

 

Todos ya queremos encontrar el renglón siguiente,

límpido renglón para escribir otra historia,

la que estará cifrada en páginas futuras

                            para ser amuleto de los que vienen.

 

Tenemos cristales en vez de cielo

y el humo es tejido del presagio,

aumenta en el exterior de las horas

cuando gritas y gritamos, y todo el grito eleva

llamaradas, en esta ciudad llamarada

en este declive de concreto

                     de mi ciudad llamarada.

La euforia del sonido es río de sangre y de gente

en el mes más muerto del año

en el año más pútrido de sistema implantado.

Habrá que recobrar los rigores

y no ir ligeros de palabras;

habrá de clavar la consigna

en los ojos del poderoso.

No basta el clamor,

es necesario herir la materia que corrompe.

la sangre.

 

VÍCTOR ARGÜELLES. Responsable del blog: Ruido rojo, mente en blanco.

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