El sicario | Gabriel Granados

I

El sicario no habla

es tiniebla

con las uñas dibuja una sonrisa en el rostro de la indiferencia

y sus ojos son tan negros como el mar de noviembre

con ellos abre abismos

parpadea sin dejar evidencia de piedad o melancolía

 

II

El sicario amordaza con la cadena del sufrimiento

más que cadena es odio… un odio espeso y pútrido

que se hunde lentamente en la garganta

y la impotencia es un alfiler eterno entre todos nosotros

 

III

Un ama de casa en la cocina

una habitación dormida / arrullada por un niño

un teléfono móvil distraído en los dedos de una adolescente

cualquier destello es presa asequible

donde dejan de flotar los remordimientos: el sicario es fiel a las ordenes

mutilar familias es su horror favorito

 

IV

El sicario afila sus placeres en el descuido

caza desde la nobleza cotidiana

una sonrisa encantadora

la voz amable: el refugio ideal de la muerte en confianza

y de pronto sangre / cartílagos y hueso / intestinos piel y luto

todo se diluye en el glorioso oficio de despojar almas

donde la escena / el modo / y la estupefacción quedan de lado

el acto en sí es la gloria

la misma redención que es trofeo y ancla en la conciencia

 

V

Al sicario le gustan los líquidos y la carne

los lame / se masturba

jadea entre cabello / ovarios y médula

donde un cielo puede ser pequeño en la inmensidad de un crimen

 

VI

El sicario es una especie diferente

su palabra es sombra

es vacío

camina como cualquiera

esconde los recuerdos en cada rostro que nace para él

porque la ciudad es una perra inválida a las dos de la tarde

rodeada por el idioma incomprensible de los automóviles

 

VII

Los días decapitados lloran tras de sí mismos

como los perros se persiguen la cola

extrañan verse al espejo

rotas almas esparcidas por el asfalto

mientras la lengua del sicario lame cada pliegue nuestro

es un parásito de las tormentas

que clava sus pesadillas en el abdomen

inyecta el negro insomnio / más negro que el mismo miedo

y las mujeres se vuelven espasmo

patalean hasta quedar dulces como fruto abierto

para despertar etéreas

amontonadas y desconciertas detrás de cada Padrenuestro

en cada gota de memoria se sacia el olvido

los edificios mudos ven a la distancia la flor de la madrugada

y el sicario se va sin prisa

a carcajada abierta la noche duerme.

 

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