Las guerras | Eugenia Toledo Renner

(Nota a pie de página de la historia patagónica)*

El Cementerio de Punta Arenas en su belleza abre caminos
que llevan a rincones de la Historia, muy cercanos al oscuro odio.
Sin duda, el lugar es un templo de lectura para
meditar sobre las mortajas de los muertos.

Estamos frente a un monumento broncíneo de hace noventa años
con una placa en alemán y español, Primera Guerra,
dedicado a la tripulación de la escuadra alemana.
Inglaterra, Alemania y Chile nos asomaban a una crónica
de 1914. Siempre ha habido hombres, pensamos,
para tanto y más.

La guerra nunca se ha terminado, se arrastra como sierpe
por los mares y las tierras del mundo. Los hechos,
sin embargo, se marcan en metal para que quede un recuerdo.
Los 2200 marineros y oficiales alemanes y los 1600 británicos
que lejos de su patria y de sus familias,
encontraron la muerte en nuestras costas o cerca de ellas,
se perdieron entre las aguas gélidas los barcos alemanes hundidos
Scharnhorst, Gneisenau, Nürnberg, Leipzig, y Dresden.
Mares de difuntos, llenos de peces color pólvora y espada,
témpanos humanos que se alejaron sin dejar rastro.

El Dresden, crucero liviano alemán, pasando por el Estrecho de Magallanes,
después de la pérdida de las otras cuatro naves de su flota,
emprende la huida hasta las islas de Juan Fernández.
La persecución inglesa es despiadada, la nave se entrega a Chile,
pero el enemigo ataca, no respeta las leyes internacionales.
Aún se ven las esquirlas, el humo, el acero hundiéndose,
en el palo de mesana la bandera blanca, el agua escurriéndose,
se hunde por su propia voluntad, 78 metros, dicen los documentos.

La Humanidad hoy no tiene tiempo para considerar
el heroísmo, el sacrificio y la insensatez.

¿Qué es el heroísmo? ¿Quién el enemigo, quién el amigo?
¿Quién le pide cuentas al vencedor? ¿Quién merece las estrellas
de condecoración en los géneros azules del uniforme?
Ciegas son las razones de las guerras.

Hans Bohrdt (1857-1945) creó su famosa pintura desaparecida
El último hombre que conmemora la falta de paz en el drama
y que fue usada como propaganda de guerra. Qué atroz ironía,
si hasta el horror se consagra y hasta pareciera
que las razones de la compasión son bizcas.

Y aquí estamos frente al monumento en el famoso cementerio del fin del mundo.
¿Cómo se puede conectar la Patagonia con tantas aniquilaciones?
¿Cómo confrontar sus holocaustos?

Estamos en el mes de febrero, Inglaterra y Alemania hicieron por un instante
estallar el cielo en volutas negras, metales de cañones encendidos.
La tierra dará la otra mejilla y vendrá el invierno. Nos alejamos.

Caminamos hacia la salida en silencio. Es el atardecer.
Nuestros pasos queman ciertas sombras en el cementerio.

*De libro Aguas Inarticuladas, 2015

EUGENIA TOLEDO RENNER. Escritora y maestra con un Doctorado de la Universidad de Washigton, Seattle, reside actualmente en su ciudad natal Temuco, Chile. Ha publicado varios libros de poesía y estudios literarios.

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