Encierro | Blanca Vázquez

El miedo se estaciona aún cuando el letrero dice “No aparcar”,
se va acomodando como si fuera dueño del espacio y permanece.
Carcome las fosas nasales, se le respira de manera dificultosa,
se sabe presente y manda.
Destruye con sus manos la imaginación cotidiana y brinda una encerrona de soledad,
llega al cuerpo como marabunta roja y crispa la piel,
no deja hueco,
va construyendo hormigueros de frustraciones,
muerde los nervios, rasguña los ojos, golpea la voz.
No busca irse,
se mantiene ocupado en acosar constantemente,
delinque con autorización como policía que se divierte.

§

La mano encierra la vida porque quiere escaparse,
por los dedos se asoma, se adelgaza, quiere huir.
No quiere estar entre manos rugosas y añejas,
busca la luz, quiere sentir el aire en la mirada,
reflejos de otras vidas que quieren vivir.
La mano la estruja y gotean años rojos,
la vida llora por ellos, les quiere a su lado.

Aunque diluidos se han escapado de esa mano
que maniata su existencia.
Los dedos son los verdugos,
acatan la penuria de una mano violentada.
La vida se guarda entre cinco dedos inconformes,
tendrá paciencia para sobrevivir,
esperará pendiente a que esa mano se canse y se abra.
Y entonces sí, se elevará como gorgoteo que busca el cauce de un río interior.

§

Se tiene ganas de estar en donde no se ha estado,
ser un cuerpo desechable para olvidar lo jodido de la violencia,
limpiar los pasos aturdidos de muertos,
escapar de la alevosía y tumbarse a mirar,
miríadas de manos que rozan, escaldan las piernas y sufren,
que no saben de ellas, que se pierden en el delirio continuo de deseos encerrados.
Se tiene ganas de ser lo que no se es,
tener al costado la palabra urgente que sobe los moretones diarios,
colgar la ligereza en el perchero junto a la chaqueta del jueves,
vagar en el sofá gastado y ayudarse a escapar.
Se busca imaginar lo inimaginable,
contener las voces que violentan y aturden por la mañana,
ahogar las letras que atisban el café derramado sobre el periódico,
sembrar la protesta en el encierro que simula ser el paraíso.

 

BLANCA VÁZQUEZ (México, D.F., 1973) es Maestra en Ciencias y literata Hispánica. Catedrática en la UAGro en la Facultad de Filosofía y Letras. Ha publicado Los Letargos de Artume por Edit. La Tarántula Dormida, Ojos de Lechuza por la editorial Rojo Siena, EL Corazón en la Mano por Edit. Fridaura. Está incluida en Ensayos Literarios y Culturales, Reflexiones Jurídicas Edit. EON. Escribe en las revistas electrónicas Delatripa y en Bitácora de Vuelos. Es investigadora e imparte conferencias en torno a la cultura.

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