Reivindicación | Julio César Aguilar

“Cuando pienso en todos los males que he visto y sufrido
a causa de los odios nacionales, me digo que todo ello
descansa sobre una odiosa mentira: el amor a la patria.”
León Tolstoi

“¡No se miente cuando se lleva a la patria en el corazón!”
José Martí

Imaginemos que la patria ha muerto ¿o desfallece aún? Venimos de tan lejos, que se ha borrado ya aquel horizonte, y los caminos abiertos como el aire mismo llevan a tantas partes, aunque sepamos sin embargo que no hay camino. La patria muere y no está muriendo. Sépalo usted que tiene ojos y todavía escucha y sus manos se levantan y se enfrentan y a diario sostienen toda su lucha ante el rumor inquietante que es la vida. No tenemos patria, los que de tan lejos venimos viniendo arrastrando nuestra despatria, tanto caminar para sabernos huérfanos, desterrados ciudadanos del desprecio, —del nuestro, que no hemos querido ni al menos perdonar. Y la patria nos duele. Inmenso el eco de su llanto en nuestro llanto que se desgrana, delicada florecilla sobre un dolor de estiércol en un amanecer sin voz, sin delirio alegre, sin siquiera un pétalo o nubarrón de nada. Prófugos de sí mismos, comparecemos ante nadie. Entonces un poeta y otro y tantos otros le han cantado desde su pluma un himno irrevocable. Y si alguien escucha, escuche entonces el eco de la canción que la patria nuestra está sangrando con su lamento. No tuvimos patria los desheredados, patria posible que en el vértigo atroz de la caídadadá nos sostuviera. Expatriados en tanta patria, atrio de la angustia, altura que se sabe abismo, patrimonio ciertamente augusto aunque desgarrador y triste de nuestra humilde humanidad. Repatriémonos los exiliados, los sin patria alguna, los despatriados, los fugaces patrieternos patriformes deformados en vastísimo patrioterismo inútil. ¿Amas tu patria?, dicen voces en un susurro a través del viento, que no es viento arrastrando voces en un susurro, porque no hay viento ni voces ni susurro. Mirar los muros de la patria nuestra también tan bien quisimos. Y lo hicimos porque somos homo patris y por loquera de locura de lo que era y parecía y nunca fue sino desierto de la sed sincera untuoso silogismo oh patristuta madre enterogénea servil y moribunda hasta que mueras hastaquetemueras. Pero llegó la hora que está llegando por llegar. Patridifusa la nación el país la patria, observa a ciegas sierva pura madre de los desencantos y los decantados cuyo canto cuantioso se propaga se difumina se evapora en el vapor incierto de la madrugada. Pero no hay noche como su tlatelolco, su invasión de la plaza azteca y vilmente y veleidoso vendido territorio. Y aunque hijos de cuantas malinches fuimos, ya no somos lo que éramos y debimos ser sin jamás haber sido sino un puñado de brillos lánguidos, criaturas de barro y hojadelata latiendo su desventura, enarbolando la sangre ajena en los rituales del sacrificio. Sacrificada patria nuestra, oh la suave patria tan carcomida, ¿dónde los nezahualcóyotls, guerreros de plumaje invicto y lengua franca que más amen a su hermano el hombre? Ama a tu patria como a ti mismo. No amo mi patria. No la amo, pero sí la amo. Por tu espíritu hablará la raza ya entonces cósmica, ahora y cuando y desde siempre. Buscándote voy en tu búsqueda, ¿sin encontrarte? No voy solo. Vamos los que iremos al entrañable suelo, al cielo que no en todas partes es el mismo cielo. Luz que derriba mitos, mientras mentiras tantas se desploman. Sucesos engranados en la historia. Leyendas para contar al que tenga oídos. Evolución revolucionando su propio vuelo. Imaginemos que la patria está viviendo. Viviendo está la patria. Sí. Tan viva está. Viva. Conforme a nuestra semejanza e imagen. Imaginémosla. Imagínala.

 

JULIO CÉSAR AGUILAR (Jalisco, México). Poeta y traductor de inglés. Es médico por la Universidad de Guadalajara; cursó una maestría en Artes en Español en la Universidad de Texas en San Antonio y un doctorado en Estudios Hispánicos en la Universidad de Texas A&M. Su obra se ha traducido a varios idiomas y ha sido publicada en diversos países. Es autor, entre otros títulos, de Rescoldos, 1995; Brevesencias, 1996; El desierto del mundo, 1998; Orilla de la madrugada, 1999; La consigna y el milagro, 2003; El yo inmerso, 2007; Barcelona y otros lamentos, 2008; Alucinacimiento, 2009, y Aleteo entre los trinos, 2014. Traducciones suyas son Con ansia enamorada, de Irving Layton, 2004; Camino del ser. Antología: 24 poetas anglosajones, 2006; Pintando círculos, de Luciano Iacobelli, 2011; La costurera y el muñeco viviente, de Beatriz Hausner, 2012, y Pascal va a las carreras, de Janet McCann, 2015.

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