Nochixtlán | Claudia Marcela Soto Leyva

La boca se amarga, la náusea escala al espíritu
en las venas hierve la impotencia
el miedo hiela la esperanza
la crueldad se palpa al deslizar los dedos sobre el teléfono móvil y leer la nota.
Los pies estáticos aguardan la señal allá en la tierra del dolor
los sonidos de los disparos anunciaron un atardecer teñido de escarlata.
El país murmura, hay una sola palabra en los labios: Nochixtlán.

Brota la frustración salada de los ojos, deseo de cambio.
El dolor ajeno se atora en las gargantas, quema el respirar
en las redes cuelgan videos en los que arde un pueblo, llora la patria
las armas se accionan, la niebla cae encapsulada desde el helicóptero, lo invade todo.

Falta el aire, aguantan la respiración… el pueblo no encuentra refugio;
en los teclados, en las pantallas, se pulsa una sola palabra: Nochixtlán.

El mundo contiene el aliento; se enciende la ira, arde la indignación
sobre México se yerguen las miradas acusantes.
Los oídos están alerta al anuncio de un gobierno infame;
crimen de estado, represión del pueblo, corona de silencio.
En un susurro, viaja una sola palabra: Nochixtlán.

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